
Su vida fue un testimonio de inquebrantable dedicación, profunda sabiduría y amor sin límites por la Congregación.
Reflexionando sobre su mandato, es evidente que el impacto de la Madre Félix fue profundo y de gran alcance. Su papel decisivo en la elevación de la Región de Camerún a Provincia es testimonio de su liderazgo visionario y su compromiso inquebrantable con el crecimiento y la prosperidad de nuestra congregación. Además, sus doce años de servicio como Superiora Provincial se caracterizaron por una incansable devoción y un liderazgo ejemplar, dando poder y abriendo oportunidades a la creciente membresía camerunesa, guiándonos a través de retos y triunfos con gracia y sabiduría. Asumió una posición de madre y entrenadora profética, humilde y realista cuando la primera Superiora Provincial camerunesa fue elegida en su lugar. Su vida misionera en Camerún se caracterizó claramente por el compromiso de ayudar a las Hermanas camerunesas a desarrollar habilidades para "pescar sus peces", por lo que el crecimiento de la Provincia de Camerún fue evidentemente gratificante y fuente de alegría y satisfacción misionera. De hecho, bendijo y deseó verdaderamente el bien a las hermanas y al pueblo camerunés.
Como Superiora General, la Madre Félix fomentó inestimables conexiones con las Congregaciones Franciscanas en América, enriqueciendo nuestra congregación con su apoyo y solidaridad. Su visión y previsión en el cultivo de estas relaciones sin duda han fortalecido nuestra misión de colaboración y fomentado nuestro compromiso compartido de servir a los demás. Ella soñó e hizo todo lo posible para promover un estilo de vida verdaderamente franciscano de pobreza, humildad, contemplación y penitencia.
El liderazgo de la Madre Félix ha dejado una huella indeleble en nuestra comunidad, y su legado seguirá inspirando a las generaciones venideras.
Mientras lloramos la pérdida de la Madre Félix, nos consuela saber que su legado perdurará a través de las vidas que tocó y el profundo impacto que tuvo en nuestra congregación. Que Dios, en su infinita misericordia, la recompense con la vida eterna, y que su espíritu siga guiándonos e inspirándonos en nuestro camino.
Honramos su memoria y celebramos su extraordinaria vida.