Maria Hueber
Nuestra Madre Fundadora
Maria Hueber nació el 22 de mayo de 1653 en Brixen (Tirol del Sur), en el norte de Italia. Fue la menor de los cinco hijos de Nicolás Hueber y Anna Tapp. Poco después del nacimiento de María partió su padre a la guerra, de donde nunca regresó. Su madre a veces tuvo que darla en cuidado. Sin embargo, es notable, que la enseñaba a leer. Como era inteligente y curiosa, aprendió a escribir de forma autodidacta. Desde muy joven María tuvo que ayudar a su madre a coser para contribuir a su sustento. Pronto abandonó al hogar paterno y trabajó como niñera en Bolzano, y más tarde como empleada doméstica en Bressanone, Innsbruck y Salzburgo. Cultivó una estrecha relación con Dios, fue sensible a las necesidades de la época y trató “sin demora” de reconocer y cumplir la voluntad de Dios.
Persona de contacto para muchas mujeres y hombres
En sus lugares de trabajo en Bolzano, Bressanone, Innsbruck y Salzburgo, casi siempre encontró condiciones favorables de desarrollo y trabajo. Sus jefes reconocieron su potencial y la apoyaron. También es notable que la joven fuera muy viajada para las circunstancias de la época y, por tanto, probablemente también hábil y segura de sí misma en el trato con la gente. Su profunda espiritualidad, que combinaba con una actitud práctica, vital y creativa ante el trabajo y una visión realista del mundo, le abrió muchas puertas e innumerables corazones. Incluso a una edad temprana, era considerada una persona de contacto importante por muchas personas nobles, seculares y espirituales del país. En particular, muchas mujeres buscaban su consejo, instrucción y guía. Entre sus protegidas había nobles monjas del convento Servitinnen de Innsbruck, pero también representantes de la noble familia de Enzenberg. Está claro que Maria Hueber tenía una intuición, un conocimiento de la naturaleza humana y una clarividencia notable. A menudo acompañó a mujeres y hombres durante décadas y también en crisises existenciales. Impresionada por el ideal franciscano, ingresó en la Tercera Orden de San Francisco a los 24 años.
Apertura de la escuela femenina
A la edad de 47 años, junto con su compañera Regina Pfurner, abrió la primera escuela femenina gratuita del Tirol en Brixen cerca de la iglesia de Santa Clara en un piso alquilado. No conocemos las circunstancias exactas, ya que las fuentes contemporáneas guardan silencio sobre el curso exacto de los acontecimientos. Pero esto no disminuye el tamaño y el impacto innovador de esta escuela: esta pequeña y manejable institución educativa para niñas indigentes era algo completamente nuevo. Hasta entonces, sólo los propietarios de las escuelas y sólo previo pago, habían dado clases a los varones. Que las niñas de los estratos educativos más bajos aprendieran también a leer, escribir y calcular era una novedad en el país. Que el concepto educativo estaba bien pensado, se desprende también del hecho, de que la asignatura “artesanía fina” figuraba en el horario. Las niñas también debían aprender a remendar, tejer y bordar para poder ganarse la vida como costureras. Con estos conocimientos, las mujeres no sólo daban a sus alumnas aptitudes educativas, sino también una perspectiva de la vida, ya que de este modo se les abría una vida independiente y autodeterminada.
La vida de fe de Maria Hueber
Pero la escuela femenina no fue el único logro pionero de Maria Hueber. Paralelamente a la escuela, también estableció una comunidad religiosa con un formato innovador. En enero de 1701, ella y su compañera Regina Pfurner iniciaron una vida monástica según la Regla de la Tercera Orden y pusieron la primera piedra de la comunidad de las Hermanas Terciarias de San Francisco. Las hermanas, de influencia franciscana, debían orientarse inflexiblemente hacia los valores franciscanos, llevar un estilo de vida sencillo, una vida profundamente vinculada a Dios y emplear sus capacidades intelectuales y emocionales en labores educativas. Maria Hueber rechazó categóricamente las diferencias jerárquicas basadas en el origen, la educación y el dote, como era habitual en otras comunidades religiosas. En cartas manuscritas describe sus experiencias espirituales a su compañero espiritual y, al mismo tiempo, ofrece profundas visiones de su alma. Su confianza absoluta en el amor incondicional y la guía de Dios parece ilimitada cuando escribe: “Creo firmemente que sin Dios no puedo encontrar ni lo bueno, ni lo dulce, ni lo amargo. Alabado sea Dios por toda la eternidad”. (Carta 3)
Su espiritualidad se caracteriza por un cierto arraigo: Su imagen de Dios está - contrariamente a los dictados eclesiásticos de la época - llena de connotaciones positivas, sus diálogos interiores con Jesús como niño o como crucificado reflejan su ingenua relacíon con su Dios, a cual ella experimenta lleno de amor y cuidadoso amigo. La situación de cooperación da la idea, que Maria Hueber está por su vida en oracíon y no atada por reglamientos, en su caracter asegurado y animada a su compromiso caritativo.
Lo que todo unió en su vida eran para ella las relaciones: con Dios, sus cohermanas, amigas lejanas, diferentes conocidos y seguro tambíen a si mismo, porque durante su vida estaba atento a defender sus principios e ideales.
La llamada a la santidad y el proceso de beatificación
Maria Hueber murió el 31 de julio de 1705 en Brixen y fue enterrada - a petición propia - junto a la iglesia de las Clarisas de Brixen. Numerosos informes sobre respuestas a la oración, básicamente sólo prueban lo que ya era visible y tangible durante su vida: Maria Hueber entusiasmó a personas de todos los grupos sociales y clases con su personalidad carismática y deslumbrante, su auténtica vida de oración y su compromiso social y caritativo.
El proceso informativo de la diócesis de Bolzano-Bressanone para la beatificación de nuestra Madre Iniciadora Maria Hueber tuvo lugar entre 1996 y 1998. Ahora el proceso de beatificación continúa en Roma. El 19 de marzo de 2019, el Papa Francisco dio a la Congregación para las Causas de los Santos el mandato de preparar el decreto "VENERABILE".
Para la beatificación de nuestra Fundadora, todavía necesitamos un milagro definitivo, que debe ser confirmado por el Vaticano - después de un examen exhaustivo.
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