

Celebrar 70 y 60 años de compromiso acompañado con la oración, la vida comunitaria, la misión de Cristo y el servicio es una prueba de que el compromiso de por vida sigue siendo posible en un mundo en el que la constancia es un reto y a veces puede parecer una batalla cuesta arriba. Celebrar un hito de amor incondicional, entrega, fidelidad, impacto profundo en la vida y construcción de relaciones duraderas son signos visibles de que cuando Dios nos llama, nos da las gracias necesarias para la misión y de que todo es posible cuando estamos anclados en Cristo. 70 y 60 años de vida religiosa es un reto, pero todavía hoy es posible. Dios nos da las gracias necesarias para una vida enraizada en Cristo, en la devoción y en la fidelidad. Teniendo esto en cuenta, el sacerdote que presidió la misa jubilar subrayó, que la vida de entegra significa disponibilidad para seguir el camino, que Dios quiere, que recorramos.
Tras la liturgia, bellamente organizada, las Hermanas se reunieron en el jardín de la casa madre y después disfrutaron de un almuerzo en un ambiente alegre.